Salinger.

Estándar

Bueno, aquí sigo, esperando que me llegue… No sé, la inspiración divina o algo, porque si no, no habrá manera de conseguirlo. Ni yo sé cuánto tiempo llevo intentándolo. Años y años empezando historias y no terminándolas jamás. Ya empieza a cansar. Porque me encanta escribir, a veces es que lo necesito. Si me siento agobiada, o mal por alguna extraña razón, escribo y me desahogo, la verdad es que me funciona que mejor que cualquier otra cosa. Sobre todo porque cuando las personas estamos mal, no sé por qué, solemos tender a volvernos masoquistas. Al menos la gente que conozco y yo lo hacemos. Si estás mal, como te pongas música, ten por seguro que buscarás música triste, o ruidosa, algo que te haga desahogarte. Por eso prefiero no hacerlo, no sirve para nada. Sin embargo, si escribo, me evado, me olvido de mi mundo y de todo y me centro en lo que creo con las palabras. Es mucho mejor, eso seguro. Por eso escribo, y luego viene el problema. No sé seguir. Tengo como mil historias empezadas, casi todas muy malas, algunas que sí me gustan, pero en ninguna de ellas sé cómo continuar con la historia. Supongo que será cuestión de ponerse, ¿no? O esperar a que llegue el momento en que la típica bombilla se me encienda sobre la cabeza y me diga cómo seguir alguna de las historias. Además, apenas tengo tiempo últimamente, y la cabeza, cuando escribo, se me va a otras cosas, esto no va bien, no, no, no va nada bien. Es más, ya ni recuerdo por qué había empezado a escribir esta entrada. Porque con lo que llevo, no he dicho nada aún. Bueno, debería añadir que escribir, y leer ya que estamos, es de lo mejor que se puede hacer. Relaja, ayuda a olvidar problemas, funciona mucho mejor que una borrachera con las que en las películas tanto intentan olvidar problemas los protagonistas.

En fin, con todo esto vengo a decir que necesito escribir, que no sé qué sería de mí si no pudiera escuchar música, si no existiera, pero creo que simplemente moriría si no tuviera nada que leer o no pudiera escribir. Si tuviera que vivir en un mundo donde no se pudiera leer ni escribir, me suicidaría, lo digo en serio. No merecería la pena, sería un lugar demasiado triste.

Por ejemplo, para clase de Literatura, he tenido que leer El guardián entre el centeno, de Salinger. Me ha encantado. No sé que tiene ese libro, pero la forma de escribir del autor, el hecho de que el protagonista sea de mi edad o no sé qué, ha hecho que me haya enganchado a él, y no podía parar de leerlo hasta que lo he terminado. A un amigo mío, le ha pasado igual. Es un gran libro. Un clásico sin duda. Os lo recomiendo, a todos. Os gustará, seguro que sí. Además, a Holden, el protagonista del libro, también le encantaba leer. Supongo que por eso también me sentí algo identificada con él. Leer es algo maravilloso, no me cabe la menor duda. Así como escribir, aunque no todos lo hagamos tan bien. Yo lo intento, aunque fallo con mucha asiduidad. Ahora, por ejemplo. No me gusta como ha quedado esta entrada, pero bueno, creo que intenta decir lo que pienso. Supongo que refleja los pensamientos inconexos que tengo ahora mismo, entre canción y canción. De todos modos, gracias por leer. Es algo que me alegra, saber que aunque sea un poco, gusta lo que publico. Sí, me alegra mucho, la verdad.

 

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  1. Has expresado justo lo que querías expresar. Tampoco yo podría vivir sin escribir o sin leer. Quizá me sienta mejor conmigo mismo escribiendo. Uno tiene esas cosas. Al escribir entiende al mundo y se entiende a sí mismo. Lo de que esté bien o mal lo que se escribe no debe preocuparte. Escribiendo, dejándose llevar por las palabras, se pule el oficio. Porque escribir, Sara, es un trabajo. No se remunera, pero requiere casi los mismos requisitos. Un horario. Un desempeño. Una responsabilidad. Yo empecé a escribir a tu edad, arriba o abajo. Y ya ves, sigo. Lo que no hacía, y bien que me arrepiento, es leer. Tu bagaje literario es enorme y va a más. Ya lees a Salinger. Hay un mundo literario esperándote que no conoces. Puertas que van a otras puertas. Detrás de alguna de esas puertas estará tu yo iluminado, el yo poético, el que se enfrentará a la literatura y solventará las dudas que ahora (lógicamente) tienes. A mí, como padre, me encanta que te expreses como lo haces. Que incluso expreses, así públicamente, tus dudas. Las que, por otra parte, tiene casi todo el mundo, pero no se decide a contar. Así que, bravo por Sara. Todo esconde un secreto. Incluso la escritura tiene uno.

  2. Yo tampoco sabría vivir sin leer y sin escribir, quizá no con ese orden. Escribir es una forma de entender el mundo y de entenderse a uno mismo. Al escribir se registra la realidad, se confirma que está uno dentro y que puede manipularla. El que escribe crea mundos que los que no lo hacen no alcanzan a comprender. Leer es también una forma de escribir. A mí me pasa que cuando leo a alguien me imagino la forma en que está escrito. Al escribir se es a la misma vez lector y escritor. Uno lee lo que escribe mientras que lo va haciendo y se convierte, en ese acto unpoco mágico, en un operario doble, en uno que juzga lo que hace y lo va censurando o alabando. Vamos elimiando frases, palabras, interponiendo otras, rechazando tramas, llamando a la inspiración sin que se oiga niguna campanita mientras lo hacemos. Yo lo hice mal. Empecé a leer tarde. Tu lo has hecho infinitamente mejor. Tu bagaje te hace ser muy responsable y muy exigente. Pero escribir es un oficio que se pule a medida que avanzan los años. Yo escribí los primeros cuentos a tu edad. Ni rastro de ellos en mi memoria ni en ningún cajón. Quizá sea mejor. Todo esconde un secreto, incluso la escritura. Pienso en la cantidad de literatura que te falta por leer y por escribir y me da envidia. Tienes que leer a Poe y a Borges y a Melville. A cientos de autores que ya conoces, pero en los que no has penetrado. Cuando ese alimento entre, la inspiración vendrá de la mano. Mientras tanto, disfruta de Salinger y de tu bendito vicio de leer, de no imaginarte sin contar cosas o sin djear que otros te las cuenten. Se trata de eso.De escuchar historias. Da lo mismo que las protagonice Walter Bishop, Holden o el príncipe Caspian. Un beso, hija.

  3. Exactamente lo que me pasa a mí también, Sara.

    Primero, tienes que saber que tu problema para terminar las historias tiene fácil solución; es cuestión de realizar los planes previos a la construcción del edificio léxico. Tienes que crear los personajes, definirlos bien, otorgarles características particulares, etc. Luego establecer las tramas de la historia, hacer un resumen general con el principio y el final definidos y después saber cuántos capítulos tendrá y qué pasará en cada capítulo. Una vez lo tienes todo -cosa que ocupa mucho tiempo-, podrás ponerte a escribir con la seguridad de que no te atascarás en un punto determinado de la historia, porque no dependerás tanto de la musa como de los planos. La bombilla está claro que se enciende y, de hecho, se enciende en el momento más inesperado (lleva siempre una libretita donde poder anotar ideas). Por supuesto, hazte preguntas, cuantas más mejor, porque eso va a llevarte por diferentes senderos. Algo que es muy práctico también -y original- consiste en mezclar dos ideas absolutamente dispares, ya que eso propicia la creación de algo insólito.

    En segundo lugar, yo tampoco podría vivir sin la lectura ni la escritura, porque es mi medio de supervivencia anímica. Tiene su lógica, lo llevamos en los genes… son demasiados años de existencia contando historias: todo ser humano tiene esa necesidad; pasa que unos la desarrollan de una manera y otros de otra.

    Y sí, yo también adoro ese libro, que leí, por cierto, en el avión de Toulouse a London en aquellos cada vez más lejanos años de erasmus, cuando yo tenía 19 años. Lee, si puedes, “L’étranger” de Albert Camus o “El señor de las moscas” de W. Golding. Son libros que me marcaron con tu edad.

    ¡Enhorabuena por el blog! Te leeré. Un abrazo. Y saludos para todos y para tus padres.

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