Archivos Mensuales: abril 2011

Vous me manquez….

Estándar

 Un intercambio escolar es una experiencia única si se quiere aprender un idioma. El mes pasado estuve en el sur de Francia, en un pueblecito cerca de Marsella, con un viaje organizado por mi instituto. Fue algo increíble. Tras por lo menos veinte horas de autocar llegamos al aparcamiento del lycée donde nos esperaban nuestras respectivas familias para recogernos y llevarnos a la que sería nuestra casa durante diez días. Yo ya había hablado con mi correspondiente por Facebook desde hacía un par de meses o tres, pero esas pequeñas charlas no habían hecho nada puesto que por una red social no se habla igual que en persona. Cuando estábamos a punto de bajarnos de autobús la gente estaba nerviosa porque decían: “¿Y si no reconozco a mi francés?”. Yo había visto unas cuantas fotos, pero también tenía esa duda tan tonta. Sin embargo me bajé, la vi, le di dos besos, comenzando por el lado contrario por el que nosotros empezamos a darlos, cogí mi maleta y me subí a su coche. Sabía que iba a ser raro. Estar media hora dentro del coche de unas personas que no conoces apenas y que hablan en otro idioma. Estuvo bien.

Al día siguiente tuvimos que coger el autobús escolar para ir al instituto puesto que yo vivía en una aldea de cerca del pueblo. Tardábamos más de media hora en llegar, todos los días. Me gustó mucho porque allí oía a la gente hablar en francés y yo también hablaba con la gente que iba sentada a mi alrededor. A lo largo de esos diez días hicimos muchas excursiones. Visitamos Avignon, Marsella, Aix-en-Provence y las calitas de Cassis. Ese día fue el mejor de todos. Hizo un tiempo excelente y nos montamos en un barco turístico que nos llevó por las calas. Hacía viento de modo que las olas rompían contra nuestro barco, salpicándonos de agua. La gente se quejaba y se metían en la parte cubierta del barco. Yo quería quedarme fuera, disfrutar del viento, del calor del sol, del agua salada salpicándome…. Nos obligaron a meternos dentro porque ya era mucha el agua que caía en cubierta.

Hay una cosa que me gustó mucho de aquel lugar y es que a pesar de que donde yo estuve era un pueblo pequeño, la gente iba como quería, nadie miraba raro a nadie si llevaban vestido y zapatillas o gorros o te gustaba el manga. Donde yo vivo sí miran de forma molesta si no vas como se supone que debes ir “normal” según ellos. Por eso aquí se nota tanto si alguien es extranjero o no. Generalmente la gente de fuera sigue sus propias normas en cuanto a estética y en un pueblo como el mío si esas normas no son las de la mayoría eres extranjero o eres raro.

Pasadas dos semanas desde nuestra vuelta, vinieron ellos. Estuvieron aquí una semana. Les encantó todo. Pasaron mucho calor en los sitios que visitaban. Hubo fiestas, paseos, convivencias entre franceses y españoles, etc. Todo fue genial. Ir caminando al instituto con mi amiga francesa no es lo mismo que ir yo sola escuchando música. Prefiero ir con ella. Había momentos en los que no hablábamos mucho porque siempre es difícil hablar con alguien a quien conoces desde no hace mucho y además en otro idioma que no controlas muy bien. Cuando se fue a Francia, hablaba muchísimo mejor el español, había adquirido mucha soltura. A veces hablábamos de lo que había hecho en la excursión del día anterior. Otras veces me preguntaba qué íbamos a hacer esa tarde cuando volviera de la excursión, si saldríamos con los demás a dar una vuelta. Ella no se lo creía, allí en Francia, las veces que salimos, a las diez o las once de la noche estábamos ya casi con el pijama puesto. Aquí hubo una fiesta que empezó a las once y ellos estaban asombrados de que trasnocháramos tanto.

El último día también salimos españoles y franceses. Tuvimos que llevarlos al instituto de madrugada para que cogieran el autocar que les llevaría al aeropuerto. La despedida fue muy dolorosa para algunos. Yo lloré, mi correspondiente lloró mucho también. Nadie quería que se fueran. Dicen que volverán en verano pero, ¿y si no pueden?, ¿y si ya no los volvemos a ver más? Había un chico que fue el primero que se subió al autobús porque no quería estar más fuera, porque lloraría mucho si seguía allí. A él le quieren todos, todo el mundo le dio algo para que se acordara de nosotros, él dijo que se acordaría sin que le diéramos nada. Yo le di una pulsera mía. A mi amiga francesa le di otra, diciéndole que TENÍA que volver en verano. Aún les echo de menos, o como dirían ellos, ILS ME MANQUENT BEAUCOUP.

Espero poder acoger a alguien el año que viene puesto que no puedo ir allí, al tener cerca la Selectividad. Espero poder acoger de nuevo a Manon, mi mejor amiga francesa.

Aquí un grupo que canta en este maravilloso y musical idioma que es el francés que Manon me recomendó. Me encanta.