Sara

Estándar

Nunca,
mi dulce niña,
blindes el corazón.
Da siempre el alma,
aunque herida.
Da cuanto concite júbilo.
Nombra al amor
albacea
vitalicio de tus sueños
y crece feliz y ufana
y que te estallen
cien sonetos en el pecho.

Hospital Materno-Infantil Reina Sofía, Córdoba, 30 de Agosto de 1994.
Gracias por todo papá.

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